03 abril 2013

La trampa de la pobreza...


Con la iniciativa que ayer presenté se busca crear la Ley de Atención Integral a la Primera Infancia en el Distrito Federal, además de reformar y adicionar los artículos  3, 4 y 5 de la Ley de los Derechos de las Niñas y Niños. Ello en el marco de “Capital Social” que, como ustedes saben, es el eje rector de la política social anunciada en semanas pasadas por el Jefe de Gobierno, encaminado a dotar de mejores condiciones de vida a un número cada vez mayor de capitalinos.

Esta iniciativa, que esperamos se convierta en ley muy pronto, pone el acento en quitar lo abstracto a la Ley de los Derechos de las Niñas y Niños que promulgó la legislatura pasada. Además, cumplir los tratados internacionales firmados hace décadas por el gobierno federal, pero que han sido ignorados, como la Declaración de los Derechos del Niño promulgada por la ONU en 1959; la Convención sobre los Derechos del Niño del 20 de noviembre de 1989, norma ratificada por el Estado Mexicano el 21 de septiembre de 1990; la Observación General 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Organización de las Naciones Unidas, e incluso el artículo 4 de nuestra Carta Magna; de ahí la importancia de que esta ley también se promueva a nivel federal.

Entre los objetivos destacan los de homogenizar la legislación del Distrito Federal con los tratados internacionales, las leyes federales y locales de apoyo a la infancia; establecer el principio de movilidad social e intergeneracional a fin de romper el ciclo de pobreza crónica de la niñez; los de provisión,  previsión, integralidad, transversalidad y coordinación interinstitucional de las políticas y actividades gubernamentales de atención a la infancia, particularizando la legislación de acuerdo a las etapas del desarrollo.

La nueva ley tiene por objeto proteger,  reconocer y hacer efectivos los derechos de las niñas y los niños en la primera infancia, a fin de propiciar las herramientas necesarias para su pleno e integral  desarrollo, que contribuya a una mejor calidad de vida y mayor movilidad en el aspecto social,  económico, político y cultural. Se trata de proveer condiciones de igualdad.

La “primera infancia”, es decir, antes que los niños ingresen a la educación formal, es el periodo en el que se sientan las bases para el desarrollo ulterior del individuo, en el que adquieren forma y complejidad sus habilidades, capacidades y potencialidades, pues es la etapa en que se establecen el mayor número de conexiones cerebrales, habilidades básicas del lenguaje, motricidad, pensamiento simbólico e interacciones sociales y afectivas. Por ello la importancia de garantizar la debida atención a este sector. La población del Distrito Federal que se encuentra en este estadio es de las más grandes en la pirámide poblacional

El Jefe de Gobierno ha colocado la atención de la población de 0 a 6 años de edad como un compromiso para el desarrollo del Distrito Federal, concentrándose de manera especial en el combate a la desigualdad y marginación de las 110,000 familias que viven en situación de pobreza alimentaria,    conforme a datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura  (FAO por sus siglas en inglés). Son 890 mil niños quienes se encuentran en este rango de edad, es decir, 10 por ciento del total de los capitalinos. En ningún ámbito de gobierno, tanto local como federal, se había puesto especial atención en ellos, pareciera que al nacer y hasta estar en edad de cursar la educación básica, los infantes han sido invisibles.

Lo más importante es reconocer que la política social encaminada a mitigar no es condición suficiente, es manifiesto que la pobreza urbana obstaculiza y pauperiza las condiciones de vida. Lo que buscamos es trascender la condición de sujeción en los infantes para que gocen de plenos derechos y puedan hacer frente a la vida con igualdad de condiciones, que con una política pública de largo alcance, progresiva, contribuyamos en la construcción de capitalinos capaces de llevar a cabo elecciones racionales de vida, de tal suerte que les sea más fácil y viable superar la trampa de la pobreza. 






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