21 junio 2013

"Salir de la pobreza" por Roberto Newell

Roberto Newell

La movilidad social en México es más baja que en otros países. Los que nacen pobres tienen una alta probabilidad de vivir toda su vida en pobreza, por ello muchos analistas arguyen que la pobreza en México es estructural y requiere atender circunstancias que atrapan a millones de mexicanos en condiciones casi imposibles de vencer aplicando políticas públicas tradicionales.

Actualmente, la estrategia de transformación social más poderosa es asegurar que todos los niños tengan acceso a una educación formal de buena calidad. Por ello, una de las principales prioridades de este Gobierno y otros anteriores ha sido asegurar que todos los niños tengan acceso a educación primaria y secundaria, pero proveer educación a todos no garantiza que todos salgan adelante. Para lograr este resultado se tienen que vencer varios otros obstáculos relacionados con las condiciones en que se desarrollan millones de niños mexicanos.

Durante los últimos años, un grupo de especialistas en neurociencias ha estado investigando la relación entre la pobreza y el desarrollo del cerebro. Una de las investigadoras que más ha analizado este tema es Martha Farah, de la Universidad de Pennsylvania. Las investigaciones que ella y sus colegas han realizado muestran que proveer educación de calidad a los niños es una condición necesaria para el desarrollo de competencias y conocimientos en los niños de edad escolar, pero esta estrategia no elimina algunas de las principales barreras para el desarrollo cognitivo de las niños.

Sus investigaciones muestran que la mayoría de los niños pobres ya están rezagados en su desarrollo cognitivo aun antes de iniciar kínder. Esto no se deba a que estos niños sean menos inteligentes que sus pares de familias más prósperas, sino que las carencias del medio ambiente pobre en que viven afectan el desarrollo de su cerebro. La pobreza crea déficits de desarrollo intelectual difíciles de vencer.

Algunas de las causas se han examinado detenidamente. Por ejemplo, los infantes que viven en condiciones de pobreza sufren más problemas de salud que los niños de familias más prósperas. Estos padecimientos minan su desarrollo físico e intelectual. Lo mismo sucede a niños que consumen insuficientes calorías y minerales.

Pero la pobreza afecta el desarrollo de los infantes de muchas otras maneras. Por ejemplo, los niños y niñas que se crían en familias pobres tienen pocos juguetes y participan en pocas actividades que estimulan su desarrollo intelectual.

El nivel educativo de los padres es otro determinante clave del desarrollo de los niños. El tamaño del vocabulario al que están expuestos los niños explica por qué algunos niños avanzan más rápidamente que otros: entre mayor sea la variedad de palabras que escuchan los infantes en su entorno, mayor será su desarrollo intelectual. La evidencia empírica al respecto es contundente: Los padres de clase media invierten 40 veces más tiempo leyendo a sus niños de edad preescolar que los padres pobres. Para muchos niños pobres, su primera experiencia escuchando un libro es cuando ingresan a kínder.

La evidencia empírica también apunta a que es mejor para el desarrollo cognitivo de los infantes ser criados en un entorno urbano que en uno rural. Esto se debe a que en las ciudades los niños están expuestos a estímulos de todo tipo (sonidos, luces, colores, conductas, etc.); mientras que en el campo no.

La relación entre el desarrollo del cerebro de los infantes y sus logros posteriores ya está ampliamente documentada. Análisis de instituciones como el MIT Workplace Center muestran que cada dólar que se gasta en el desarrollo del cerebro de los infantes permite ahorrar 13 dólares de gastos en los años subsecuentes. El desarrollo de los cerebros de los niños pobres es una de las mejores inversiones sociales disponibles.

Las implicaciones de lo anterior son muy importantes para México. Lo que no se haga por los niños pobres durante sus primeros años de vida creará déficits cognitivos muy difíciles de corregir en el sistema escolarizado.

Esto no significa que se deban establecer estándares educativos más bajos para los niños pobres, o tener expectativas de desarrollo menos ambiciosas para ellos. Aceptar esto sería condenar a estos niños a seguir atrapados en la pobreza. Por el contrario, lo que la evidencia científica apunta es que para rescatar a los niños pobres del círculo vicioso en que están atrapados debemos buscar formas de intervención más eficaces y tempranas. Sólo así podremos dotar a los niños más pobres de oportunidades que les permitan triunfar en la vida.

Publicado por Periódico Reforma.

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