14 diciembre 2011

Carta de Héctor Bonilla

A la opinión pública.

En vista de los acontecimientos suscitados el lunes 12 del presente en  el estado de Guerrero, en los que perdieron la vida los estudiantes Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, me permito manifestar lo siguiente:
Mi padre, Rodolfo A. Bonilla Cortés, fundó la  Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero. Surgidos de las primeras generaciones de sus alumnos, un grupo constituyó la Sociedad de Copreros, que luchó por defender los derechos de  sus compañeros. Entre ellos puedo mencionar a Florencio Encarnación Ursúa.   Años después, Genaro Vázquez Rojas, egresado de la Normal, tras haber intentado inútilmente por todos los medios legales obtener justicia para los campesinos, para los maestros, para su comunidad, pasó a la clandestinidad y a la guerrilla. El mismo camino siguió otro exalumno, Lucio Cabañas.  Ambos perdieron la vida buscando justicia.
El “estilo” de gobierno que ejerció Figueroa, al frente del estado de Guerrero, se sigue dando entre compadrazgos y corruptelas. Cómo no pensar que están seguros de que se puede matar impunemente , si los familiares de Genaro siguen siendo acosados, si Elba Esther Gordillo habla de desaparecer las Normales rurales porque son “focos de insurrección”.
La verdadera EDUCACIÓN nos enseña a defender nuestros derechos.
Cabe mencionar el espléndido documento que elaboró Juan Sarabia en las tinajas de San Juan de Ulúa, acusado de sedición por la dictadura pofirista, en el que aclara que la Constitución – de 1857 – prevé tomar las armas para defender a la Patria cuando se han agotado todos los recursos.
Urge que la sociedad civil sea más participativa, más crítica.
Urge evitar usar a los muertos con fines políticos o con los oscuros fines del narcotráfico.
Urge exigir que aparezcan los autores materiales e intelectuales de los asesinatos y que sean juzgados y condenados.

Héctor Bonilla
Ciudad de México, 13 de diciembre de 2011

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