18 octubre 2011

de la mujer.................


“Una infancia

nutrida de silencio,

una juventud
 
sembrada de adioses,
 
una vida que engendra ausencias...
 
Sólo de las palabras
 
espero
 
la última presencia”.
  
                                              Alaíde Foppa.
 
 (Poetisa, traductora, profesora y luchadora guatemalteca, desaparecida y posiblemente asesinada por militares de su país.)
 
                                                                         
 
Que las mujeres sean humilladas, maltratadas, vejadas, asesinadas debe movernos a algo más que a una protesta. Necesitamos revertir los motivos que las dañan. No es cuestión de fuerza física lo que hace a la mujer el blanco de la violencia, sino la imposibilidad contra su grandeza. Porque una mujer es siempre más grande que la adversidad, y no por azar, obedece al rol que jugó en la historia de la humanidad. El hombre se dedicó a la caza para conseguir el sustento, y desarrolló la violencia, que convirtió en recurso para sobrevivir. La mujer se ocupó de la crianza y la transformación, y desarrollo el afecto y la creatividad convirtiéndolos en mecanismos para resolver los problemas.
 
Esa diferencia entre hombre y mujer los situó en dos planos distintos, mientras ellos avanzaron en la conquista material utilizando la fuerza física y arraigando la violencia, ellas encontraron el sentido de las cosas. Si analizamos a fondo vemos que la impotencia es lo que genera violencia. La violencia es la primera reacción del que se encuentra desposeído de razón. El hombre que se siente inferior a la mujer recurre al insulto, a la descalificación, al golpe y al abuso, es la manera que encuentra para superarla, porque su fuerza física, bruta, es lo único que tiene a la mano para someterla ante su imposibilidad de comprenderla.
 
Esta conducta se generalizó sin importar lugar o época, la mujer ha sido violentada por el hombre y por la sociedad que lo permite.
 
La inacción ante la violencia contra las mujeres es en el fondo esa prepotencia masculina de no reconocer la capacidad de la mujer, su valor y su grandeza. Es el temor de reconocerse débil. Sólo los débiles recurren a la violencia para imponerse. Aunque es cierto que la mujer permite el abuso, guiada por aprendizajes culturales que la doblegan, es responsabilidad de todos romper la inercia y buscar los mecanismos para defender sus derechos. Vamos a protestar, sí, pero actuando. Echemos a volar la imaginación para lograr la conscientización de la sociedad ante la injusticia contra las mujeres, no basta no estar de acuerdo, hay que actuar en verdadero desacuerdo.  No un día de protesta sino toda una vida defendiendo y preponderando a la mujer.

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