17 octubre 2013

Dos pesos al litro de veneno


Los capitalinos vivimos hace tiempo en un ciudad de libertades. Para bien de algunos y berrinche de otros en el Distrito Federal las mujeres deciden sobre sus propios cuerpos, el amor no tiene límites, se ejercen con plenitud los derechos civiles y para informar la prensa no depende más del precio que el gobierno imponga al papel .

Por primera vez un Jefe de Gobierno enlista los compromisos que el estado tiene con las niñas y niños que viven en esta ciudad: educación, nutrición, juego, seguridad y amor. Se ha aprobado una ley que garantiza los derechos de la primera infancia estableciendo claramente lo que el gobierno debe hacer para garantizar que las niñas y niños tengan las mismas oportunidades sin importar raza, sexo o condición social.

Para que los adultos gocemos de libertades y derechos el Estado debe tomar el papel de cuidadoso vigilante, en el caso de los menores no es así de simple. Una niña o un niño no es capaz de ejercer sus derechos por sí mismo, requiere de un esfuerzo especializado por parte de las autoridades. Las herramientas las debe obtener su madre, padre o cuidador. El caso del Derecho a la Nutrición es un buen ejemplo.

Una niña de 7 años difícilmente comprendería lo que dice la “tabla de nutrientes” impresa en la caja del cereal que desayuna casi todas las mañanas. Incluso su madre encontrará complicado entender qué significa la palabra kilojoules o hidratos de carbono. La falta de información clara o incluso los anuncios engañosos impiden que las madres y padres elijan lo mejor para sus hijos.

Todos los días las niñas y niños consumen en su casa o escuela productos que lejos de alimentarlos, quitarles la sed o “llenarlos de energía” los envenenan poco a poco. Los signos de este envenenamiento no son manchas negras en la cara, obstrucción de vías respiratorias o vómito. De ser así, suspenderíamos inmediatamente el consumo de refrescos y papitas.

El veneno al que me refiero es una mezcla de azúcar, jarabe de maíz, fructuosa, sal, y ácido fosfórico. Los signos este envenenamiento mejor conocido como obesidad y diabetes son: aumento de peso, disminución de masa muscular, hipertensión, aumento de glucosa en sangre, dificultad para realizar actividad física, baja autoestima, etc… Parece que ninguno de ellos provoca alarma entre las madres y padres.

La presencia del Estado para garantizar la seguridad alimentaria de niñas y niños es fundamental. Las compañías refresqueras se comportan de distintas maneras dependiendo del país consumidor. En el caso de Australia y Japón los colorantes están prohibidos. En España la Fanta tiene 8% de azúcares cuando en Argentina tiene el 10% y en Latinoamérica no contiene jugo de naranja. Está claro que los gobiernos juegan un papel definitorio en la nutrición de los ciudadanos.

El Partido de la Revolución Democrática ha propuesto una nueva forma de catalogar a los productos que se venden en México. Por un lado los alimentos básicos deben continuar sin gravamen y por otro lado los productos veneno como las bebidas azucaradas serán sujetas de un impuesto de 2 pesos por litro.

Es un buen arranque, sin duda más que recaudar lo que hace este nuevo impuesto es encasillar a las bebidas azucaradas como dañinas y peligrosas. Sin embargo, para disminuir el número de niños enfermos de diabetes, que hoy en México es de 500 mil, debemos luchar sin descanso por más impuestos a todos los productos nocivos y un etiquetado claro y sobretodo verídico que no sólo informe sino advierta sobre los riesgos del consumo de dichas bebidas.





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