11 mayo 2013

Dejemos la política mediocre en el pasado.


 


Hace ya bastantes años las calles, los barrios y las plazas de esta ciudad albergaban de vez en cuando a las compañías teatrales que con temas de actualidad y una que otra mofa de los políticos llevaban el teatro hasta quienes realmente lo pueden apreciar libremente: los ciudadanos.

Después de muchos sexenios y un montón de políticas mediocres, el teatro fue arrebatado del dominio popular y encerrado en elegantes auditorios, tapizado de rojas alfombras y señalado como un producto “ticketmaster” que hace llorar cualquier cartera del mexicano promedio.

Tuve la fortuna de crecer entre teatreros, titiriteros y educadoras, es por eso que no sólo “sé” del arte teatral sino que experimenté las bondades de la estimulación a través de un telón. También sé que una obra no sólo nos despega del piso haciéndonos reir o llorar, sino que a los más pequeños les provoca un enriquecimiento físico y emocional tan necesario como el colegio o un abrazo muy fuerte antes de ir a dormir.

Hoy tengo la grandiosa oportunidad de poder acercar buen teatro a algunas colonias de mi delegación. Me llena de alegría saber que somos muchos los creemos que el proyecto “Teatro en las Colonias” no es un gasto, sino una inversión. Es obligación de los representantes populares procurar en cada momento una calidad de vida superior a sus representados y también su felicidad. El trabajo de un diputado no se debe limitar al de la Asamblea, hay mucho por hacer en la calle, ahí donde pedíamos los votos hace apenas un año.
 
Con mucha fuerza arrancamos la segunda temporada del Teatro en las Colonias. En esta ocasión llevaremos por las calles El Santo Chueco, escrita por Fernando Bonilla y Valentina Sierra. Son cinco actores y músicos quienes todos los fines de semana de mayo, junio, julio y agosto harán reir a quienes estén dispuestos a apagar la tele un momento, sacar su silla, buscar una sombrita y disfrutar de una obra de teatro a las puertas de su casa.

Les aseguro a mis compañeros diputados, delegados y funcionarios del GDF que llevar el teatro a la gente no representa un gasto mayor sino un ejercicio de mera voluntad política. Los invito a que intenten hacer una política diferente, de esa que tanto se necesita en mi querida Ciudad de México.

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