20 noviembre 2016

A diez años de la Convención Nacional Democrática


Un 20 de noviembre fue el día más frío del 2006, pero el Zócalo no sentía ese frío, estaba lleno.

Un 20 de noviembre Silvio Rodríguez tenía las manos congeladas, no pudo tocar su guitarra. El aire pegaba recio, pero había esperanza y dignidad.

Un 20 de noviembre estábamos convencidxs... hoy estamos divididxs llamando traidores a quienes no decimos “sí” a todo, o a quienes vimos y oímos más de la cuenta.

Después del FRAUDE del 2006 se integró la Convención Nacional Democrática, más de un millón de delegados y delegadas nos reunimos en el Zócalo para decidir (sí, suena raro pero antes quienes decidían eran los seguidores, simpatizantes e integrantes del Movimiento). Los cinco puntos que establecimos en la CND fueron: Impulsar el Estado de Bienestar, defender el patrimonio nacional, Luchar contra corrupción, pugnar por el derecho a la información y transformar las instituciones públicas.

El Estado de Bienestar existe a medias y sólo en la nueva CDMX; ya no hay patrimonio nacional qué defender; la corrupción se integro a las filas del Movimiento por la puerta de atrás (esa que utilizaba Calderón); la información se da a medias en algo que ahora llaman 3 de 3 y por último, la transformación de las instituciones públicas se realizará desde el interior. Esto lo supongo porque Morena, antes CND, ya tiene representantes en todos los niveles de gobierno.

Quienes deseaban participar en las discusiones y mesas de trabajo debían reunir algunos requisitos: a) ser electo en asamblea popular, b) ser designado representante de la comunidad o de alguna organización o, c) manifestar su voluntad libre y personal de participar en la Convención Nacional Democrática e inscribirse con firma autógrafa, aportando los datos de su credencial para votar con fotografía. Hoy los ponentes se anuncian en un cartel y son los mismos de siempre.

La dignidad se empeñó en el Monte de Piedad, alias prerrogativas del INE, la esperanza se esfumó y quienes vivimos emocionadas aquellas asambleas estatales y reuniones en el Zócalo capitalino, hoy todo lo que se le parezca a la democracia anhelada nos sabe a melancolía.


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