20 julio 2011

Cómo resarcir los daños..............mi columna

Más de 50 millones de pobres, más de 45 mil muertos por una guerra que nadie pidió, inflación, falta de empleos y espacios de estudio para los jóvenes, privatización del sector eléctrico y el petróleo, violación a los derechos humanos y de los pueblos indígenas, ABANDONO DE LA EDUCACIÓN Y EL CAMPO, concesiones a empresas extranjeras para explotar nuestros minerales sin cobrar los debidos impuestos, enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos de alto nivel, debilidad de las instituciones que están al servicio de unos cuantos, y lo más grave, IMPUNIDAD a quienes han provocado todo esto.

Se antoja difícil revertir tantos daños al pueblo y a la nación pero no es así.

Voltear la mirada a los más desprotegidos, repartir con justicia el dinero que es de todos, impulsar nuestro campo y nuestra industria nacional, CUMPLIR Y HACER CUMPLIR LA LEY puede ayudarnos a empezar a resarcir los daños.

Pero esto no puede ser posible si se piensa que aliarse a las fuerzas oscuras significa conciliar. La conciliación tiene que partir de un sentido de justicia, no de complicidad.

Afirmo esto ante mi preocupación por las declaraciones salidas de un sector de la izquierda que está empeñado en ir de la mano con los que han traicionado la confianza de los mexicanos y les han dado la espalda.

Quienes acusan a Andrés Manuel López Obrador de “necio” por no aceptar alianzas con los partidos que estando en el poder sólo han demostrado ambición desmedida, seguramente no conocen nuestra historia reciente ni pasada.

Para cambiar el actual estado de cosas hay que arrancar de raíz las prácticas corruptas, los arreglos y las componendas que sólo apuntan a la conservación de privilegios de unos cuantos mientras la gran mayoría del pueblo sufre y se desespera.

Se equivocan quienes apuestan a un arreglo más con las cúpulas del poder para continuar por el mismo camino errado.

Sí hay de otra. Sí se puede empezar a trabajar por un futuro mejor para todos. No es posible que a estas alturas, con las injusticias que vivimos y el deterioro del tejido social, se le siga ofreciendo al pueblo pan y circo.

Lo que hace falta es sensibilidad, comprensión y compromisos auténticos con México y su pueblo.

No se puede arriesgar la posibilidad de un cambio verdadero en la vida pública del país apostándole a confiar en los que nos han defraudado siempre.

Tampoco se trata de una cacería de brujas – Ay, me vino a la mente la bruja mayor, doña Agripina de la triste memoria lideresa perpetua de los mapaches electorales, perdón -, se trata de actuar con apego a la LEY, de fincar responsabilidades a quienes han abusado de sus cargos para robar y abandonaron a su suerte a millones de mexicanos que a lo único que aspiran es a tener PAZ y BIENESTAR para sus familias.

Terrible decepción que nuestros “intelectuales”, no todos por suerte, no se pongan a la altura de las circunstancias y a cambio se acerquen peligrosamente al retorno de un PRI que, si conserva el poder, ahondará el sufrimiento de muchos para seguir enriqueciendo a unos cuantos.

Vamos a dar la batalla apostándole a quien nunca nos ha traicionado: Andrés Manuel López Obrador.

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