Las multitudes que rodean e impiden el paso de la camioneta en la que viaja el Presidente no son asunto nuevo. Durante muchos años acompañé a Andres Manuel Lopez Obrador en sus recorridos por todo el país y en cada municipio, grande o pequeño, pasaba lo mismo. Niños, jóvenes, madres con bebés envueltos en rebozos e infinidad de manos lastimadas y manchadas por los años tocaban puertas y cristales de la suburban que igual manejaba Nicolás Mollinedo que Daniel Rojas, o como le dice el Presidente: Rojitas. Innumerables fueron los eventos de los que tuvimos que salir con dificultades por la cantidad de gente que se arremolinaba alrededor del vehículo rentado o prestado en el que viajábamos en ese entonces. Cientos de cartas, recaditos, oraciones, imágenes religiosas, amuletos, regalos, fotos… Alguna vez, una mujer le acercó una urna donde se encontraban las cenizas de su padre al que dijo le hubiera encantado conocer al Presidente Legítimo. Gorditas de frijol, artesanías, pintu...
Comentarios