01 septiembre 2026

El presidente que vació la tribuna

Hay decisiones políticas que parecen resolver el conflicto de un día y terminan modificando las instituciones durante décadas.

El 1 de septiembre de 2006, Vicente Fox llegó al Palacio Legislativo de San Lázaro para rendir su sexto y último Informe de Gobierno. No pudo subir a la tribuna.

México acababa de vivir una de las elecciones presidenciales más controvertidas de su historia reciente. La diferencia entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador había sido mínima; la izquierda denunciaba la intervención del gobierno federal en el proceso electoral y el conflicto poselectoral estaba en uno de sus momentos de mayor tensión.

Afuera de la Cámara de Diputados había un enorme dispositivo de seguridad. Adentro, legisladores del PRD, PT y Convergencia decidieron ocupar la tribuna.

Carlos Navarrete, entonces coordinador de los senadores del PRD, denunció desde ahí el cerco policiaco y militar alrededor del Congreso. Diputados y senadores de izquierda se sumaron a la protesta. Entre los protagonistas de aquella jornada estuvieron también Javier González Garza y Pablo Gómez.

La demanda inmediata era retirar las fuerzas de seguridad que rodeaban San Lázaro. Pero nadie podía separar aquella protesta de lo que estaba ocurriendo en el país.

Para una parte importante de la izquierda, Vicente Fox había dejado de comportarse como árbitro institucional y había intervenido políticamente para impedir el triunfo de López Obrador y favorecer la continuidad del PAN en la Presidencia.

Cuando Fox llegó al Congreso, la tribuna ya estaba ocupada.

No entró al salón de sesiones.

Entregó por escrito su Informe en el vestíbulo del Palacio Legislativo y se retiró. Constitucionalmente había cumplido. Políticamente, acababa de terminar una época.

La imagen era poderosa: el Presidente de la República había llegado al Congreso de la Unión y no había podido llegar hasta su tribuna.

Tres meses después, el conflicto alcanzaría niveles todavía mayores.

El 1 de diciembre, durante la toma de protesta de Felipe Calderón, diputados del PAN y del PRD disputaron físicamente la tribuna durante días. Calderón finalmente entró al salón de sesiones por un acceso posterior, rindió protesta en unos cuantos minutos y salió prácticamente de inmediato.

La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo había llegado a un punto insostenible.

Dos años después, en 2008, el Congreso reformó el artículo 69 de la Constitución. A partir de entonces, el Presidente de la República dejó de estar obligado a acudir personalmente al Congreso para presentar su Informe. Bastaría con enviar el documento por escrito.

Así terminó una tradición que durante buena parte del siglo XX había simbolizado el presidencialismo mexicano.

Y aquí comienza la parte verdaderamente interesante de la historia.

Porque es cierto que había razones de sobra para terminar con el viejo “Día del Presidente”.

Durante décadas, el Informe presidencial había sido mucho menos un ejercicio de rendición de cuentas que una ceremonia de exaltación del poder. El Presidente hablaba durante horas; los legisladores de la mayoría aplaudían; las calles se llenaban de propaganda y buena parte de la vida política nacional giraba alrededor del mandatario.

Aquello no era precisamente un ejemplo de equilibrio entre poderes.

Pero después de 2006 hicimos algo muy mexicano: en lugar de transformar el ritual democrático, simplemente lo eliminamos.

Y quizá ahí perdimos una oportunidad.

Porque el problema nunca fue que el Presidente estuviera frente al Congreso.

El problema era que estaba frente a un Congreso que durante décadas no podía cuestionarlo.

Una democracia madura podría haber hecho exactamente lo contrario: conservar la presencia del titular del Ejecutivo, pero convertirla en un verdadero ejercicio republicano de rendición de cuentas.

Que el Presidente acudiera.

Que informara.

Que escuchara a la oposición.

Que respondiera preguntas.

Que defendiera sus decisiones.

Que los legisladores pudieran cuestionar cifras, políticas públicas, resultados y omisiones.

Es decir, pasar del “Día del Presidente” al día de la rendición de cuentas.

Pero elegimos otra salida.

Desde entonces, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum han gobernado bajo un esquema en el que el Informe presidencial puede entregarse al Congreso sin que el titular del Ejecutivo tenga que presentarse personalmente ante quienes representan la pluralidad política del país.

Ninguno está constitucionalmente impedido para pisar la tribuna. Lo que desapareció fue la obligación de hacerlo para presentar el Informe.

Y una vez que desapareció la obligación, desapareció también el ritual.

Por eso resulta tan interesante regresar a aquel 1 de septiembre de 2006.

La profunda confrontación que rodeó el último Informe de Vicente Fox terminó teniendo una consecuencia que probablemente pocos imaginaron aquella tarde: modificar para todos sus sucesores la relación entre la Presidencia y el Congreso durante la presentación del Informe.

Una crisis coyuntural produjo una solución permanente.

Quizá, veinte años después, valdría la pena volver a discutirla.

No para recuperar las seis horas de aplausos, las caravanas presidenciales ni aquella liturgia del poder que confundía rendición de cuentas con culto al mandatario.

Eso pertenece al pasado y ahí debe quedarse.

Pero sí para preguntarnos algo mucho más sencillo:

¿por qué el Presidente de México no debería presentarse una vez al año ante el Congreso, mirar de frente a todas las fuerzas políticas y responder por el gobierno que encabeza?

Una democracia no debería temerle a esa escena.

Al contrario.

Un Ejecutivo fuerte no es el que evita al Congreso. Es el que puede presentarse ante él y rendir cuentas.

Vicente Fox fue el último presidente obligado a acudir al Congreso a presentar su Informe. Y la paradoja histórica es formidable: precisamente porque en su último Informe no pudo llegar a la tribuna, terminó contribuyendo a que ninguno de sus sucesores tuviera que hacerlo.

Tal vez llegó el momento de preguntarnos si aquella solución de 2008 sigue siendo la mejor.

Porque para acabar con el Día del Presidente no era necesario acabar con el día en que el Presidente rindiera cuentas ante el Congreso.

 

31 agosto 2026

De Ocosingo a Europa: Cuando el futbol también cuenta una historia


Este verano, un grupo de niñas chiapanecas 
hizo algo extraordinario. Se pusieron sus uniformesprepararon sus maletas y viajaron miles de kilómetros para jugar futbolen Europa. Son las Mustang.
Un equipo femenil infantil formado por niñas de distintos lugares de Chiapas y reforzado con algunas jugadoras de la Ciudad de México.
Pero una parte importante de esta historia comienza en Ocosingoen plena selva chiapanecaAhí entrenan variasde las Mustang. Y detrás de cada uniforme hay una historia.
Están Ana y Beatriz, hermanas. Anita fue quien metió el gol que abrió para el equipo el camino hacia Dinamarca.
Un instante de esos que duran apenas unos segundos, pero que pueden cambiar el rumbo de todo un equipo.
Está Nicole, “La Comadre”. Es goleadora. Pero quizá el dato que mejor explica cuánto significa para ella el futbol no aparece en ninguna estadísticahace un recorrido de ocho horas para poder llegar a entrenar con el equipo.Ocho horas por jugar futbol.
Está Majo. Ella es la portera. Y es hija de portera. Smamáademásvende comida. Así que cuando Majo se para debajo de los tres postes hay también una pequeña historia familiar detrás: una hija continuando, a su manera, algo que comenzó con su madre.
Está Nataly. Juega futbolpero su mundo no termina enuna cancha. También estudia batería. Entre entrenamientospartidos y escuela, encuentra tiempo para aprender a marcar otro tipo de ritmo.
Está Abi. Vive con su prima en Ocosingo para poderentrenar futbol. Ella se hace de comer, va a la escuelahace sus tareas y nunca falta a los entrenamientos. Sus padres la visitan cada dos semanas y venden miel para juntar los 10 pesos de cada entrenamiento.
está Tailyn. Cuando hablamos con ella tenía mala señal y a su hermanito junto a ella. Una escena absolutamentecotidiana. Tailyn también es goleadorapero destaca especialmente por acomodar al equipo, encontrar a sus compañeras y dar pases de gol. Es de esas jugadoras que hacen mejores a las demás. eso también cuenta.
Porque cuando decimos que unas niñas de Chiapas llegaron a jugar a Europa, podemos imaginar que estamos contando una historia sobre futbol.
Pero estamos contando muchas vidas al mismo tiempo. Y para entender por qué esta historia resulta todavía más especial, vale la pena regresar algunos años. Muchos años, hasta 1999.



Ese año, mientras el Ejército Zapatista de Liberación Nacional recorría México promoviendo la Consulta Nacional por los Derechos y la Cultura Indígena, ocurrióalgo poco habitual. Un grupo de zapatistas llegó a la Ciudad de México para jugar un partido de futbol.
Fue en el estadio Jesús “Palillo” Martínez, en la Magdalena Mixhuca. Del otro lado estaban antiguosfutbolistas profesionales mexicanos. Algunos zapatistasllegaron sin zapatos adecuados para jugar. Lgenteterminó consiguiéndoles calzado. Jugaron con botas prestadas y con los pasamontañas puestos.
Perdieron 5 goles a 3. Pero aquel partido nunca se tratórealmente del marcador. El futbol se había convertido en otra manera de encontrarse con la gente. Y la historiaapenas comenzaba.
Cinco años después, desde Italia, uno de los clubes más importantes del mundo comenzó a mirar hacia las montañas de Chiapas. El Inter de Milán estableció una relación solidaria con comunidades zapatistas.
Hubo recursos, medicamentos y una ambulancia. El capitán del Inter, Javier Zanetti, intercambió mensajes con las autoridades zapatistas.
Y entonces ocurrió algo que parece inventado, pero no lo esEl Subcomandante Marcos desafió al Inter de Milán a jugar contra una selección del EZLN. El Inter aceptó.
Marcos se nombró director técnico y encargado de “Relaciones Intergalácticas” de la selección zapatista.Propuso un equipo formado por hombres y mujeres. comenzó a imaginar el partido.
Diego Armando Maradona sería el árbitro. Javier Aguirre y Jorge Valdano, los abanderados. El brasileño Sócrates, símbolo de la Democracia Corinthiana, sería el cuartoárbitro. Y para narrarlo quería a Eduardo Galeano y Mario Benedetti.
Hasta había nombre para el trofeo: El Pozol de Barro.



El partido nunca se realizó. Pero la relación entre el futbol y las comunidades zapatistas no desapareció.
En 2011, Inter Campus comenzó a trabajar directamente con niñas y niños de comunidades zapatistas de Chiapas.ocurrió algo pequeño que, visto desde hoy, resulta enorme.
Al principio, algunas niñas no querían utilizar los shorts del uniforme. En sus comunidades estaban acostumbradas a vestir falda larga. Tiempo después fueron ellas mismas quienes pidieron ponerse los shorts.
Querían entrenar. Querían correr.
Querían jugar junto con los niños.
Pasaron los años. llegamos otra vez a Ocosingo.
Ahora ya no estamos hablando de un partido imaginado entre zapatistas y estrellas internacionales.
Estamos hablando de niñas reales.
De Ana y Beatriz. De Nicole. De Majo. De Nataly. De Tailyn.
De niñas que entrenaron, compitieron y ganaron su derecho a viajar.
Las Mustang conquistaron en México su pase para competir internacionalmente. Pero ganar el pase no significaba poder viajar.
Había que reunir cerca de 890 mil pesos para financiar vuelos, inscripcionesuniformes y concentraciones. entonces comenzó otro partido. El que se juega fuera de la cancha.
Sus familias buscaron recursos, organizaron colectas y pidieron ayuda para que esas niñas pudieran llegar hasta Suecia y Dinamarca.
Lo consiguieron y en julio de 2026, las Mustang cruzaronel océano. Llegaron a GotemburgoSuecia, para disputarla Gothia Cup. Y no llegaron solamente a participar. En su primer partido enfrentaron al HK de Islandia para ganarle 2 goles a 0.
Los dos goles fueron de Nicole Rivera. La Comadre. La misma niña que hace ocho horas para poder entrenar.
Después siguieron compitiendo. después de Sueciavino Dinamarca, para disputar la Dana Cup en Hjørring.Ahí adquiere otro sentido aquel gol de Anita. Porquedetrás de un marcador hay viajes, familias, entrenamientos, sacrificios y niñas que empiezan aimaginarse un futuro que antes parecía demasiado lejano.
 
Algunas quieren llegar al futbol profesional. Otrasimaginan también carreras fuera de la cancha. Pero todashan aprendido algo muy concreto: que el lugar queocupan en el campo se gana corriendo, entrenando, pasando el balón, atajando, haciendo goles y jugando en equipo.
Las Mustang no son un equipo zapatista y no necesitamos inventar una relación que no existe.
La conexión es otra. Es histórica. Es territorial. Escultural. Es generacional.
Y tiene como escenario el mismo lugar: Chiapas.
Hace veintisiete años, indígenas chiapanecos viajaban hasta la Ciudad de México para jugar un partido con zapatos prestados.
En 2005, desde las montañas de Chiapas, imaginaron enfrentarse a uno de los equipos más famosos de Europa.
En 2011, niñas de comunidades zapatistas comenzaban también a reclamar su lugar en la cancha.
Y en 2026, otras niñas chiapanecas hicieron el viaje en sentido contrario.
De Ocosingo a Europa. Ya no necesitaron imaginarla.Llegaron a Europa.
tampoco fueron como espectadorasfueron comofutbolistas. Con uniformeCon tacos. Con un equipo. Con sus propias historias.
Y con un lugar que ellas mismas se habían ganado en la cancha.
Por eso ésta no es solamente una historia de futbol. Es la historia de lo que puede cambiar en una generación. De niñas chiapanecas, algunas con raíces tseltales, ocupando espacios que durante demasiado tiempo parecieronpertenecerles a otros. De madres y padres haciendo lo necesario para que el talento de sus hijas pudiera viajar.
De una portera hija de portera.
De una futbolista que también toca la batería.
De una niña que acomoda el juego para que otra pueda meter el gol.
De dos hermanas que llegaron juntas.
De una goleadora que recorre ocho horas para entrenar.
De un gol que abrió el camino hacia Dinamarca.
De una pelota que salió de Chiapas y terminó rodando sobre una cancha en Europa.
Y de algo que seguramente entenderían perfectamente aquellos zapatistas que jugaron en 1999:
Hay partidos cuyo resultado más importante no aparece nunca en el marcador. Las Mustang ya jugaron uno de ellos.






El presidente que vació la tribuna

Hay decisiones políticas que parecen resolver el conflicto de un día y terminan modificando las instituciones durante décadas. El 1 de sep...