Los de Morena ya no saben a qué santo encomendarse.
Durante años la liturgia fue sencilla. Había un solo altar, un solo santuario y, sobre todo, un solo hombre al que había que voltear a ver para saber por dónde soplaba el viento.
Hoy la peregrinación se complicó.
¿Palenque o Palacio Nacional?
No es una pregunta menor. Son dos altares muy distintos y, aunque públicamente todos juran que pertenecen a la misma iglesia, conforme se acerquen las elecciones de 2027 habrá que decidir a cuál acudir a rezar.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que decir hace unos meses que no existe un “teléfono rojo” entre Palenque y Palacio Nacional y que Andrés Manuel López Obrador no interviene en las decisiones de su gobierno.
Y seguramente es así.
Pero una cosa es quién gobierna y otra muy distinta a quién siguen escuchando los que quieren seguir gobernando.
Porque en Morena llegó el tiempo de las definiciones. Y como suele suceder en los partidos que concentran tanto poder, las definiciones empiezan mucho antes de que aparezcan las boletas.
La Ciudad de México es probablemente el mejor espejo de lo que ocurre a nivel nacional.
Aquí la pregunta tiene otros nombres:
¿Clara o el Policía?
Clara Brugada ganó la Jefatura de Gobierno después de una interna en la que Omar García Harfuch obtuvo más votos en la encuesta de Morena, pero perdió la candidatura por la regla de paridad. Aquella historia terminó oficialmente hace mucho tiempo. Políticamente, quizá no tanto.
Harfuch nunca desapareció.
Hoy ocupa una de las posiciones más poderosas y visibles del gabinete federal y sigue teniendo un capital político considerable en la Ciudad. Las encuestas anticipadísimas —porque faltan cuatro años y en política cuatro años son una eternidad— sirven al menos para medir el tamaño del personaje: distintas mediciones lo colocan con una ventaja considerable entre los nombres de Morena mencionados para suceder a Brugada en 2030.
Pero hay algo todavía más interesante: Harfuch ya se mueve.
Este mes se publicó que reunió nuevamente a parte de su equipo político y habló de construir en el mediano y largo plazo, con 2027 y 2030 en el horizonte.
Así que nadie debería sorprenderse.
Clara tiene los suyos. Harfuch tiene los suyos.
Y ambos saben que la verdadera primera vuelta de 2030 se jugará en 2027.
Porque las alcaldías, las diputaciones locales, las federales y las estructuras territoriales que se construyan el próximo año serán las fichas con las que se jugará la sucesión tres años después.
Pero hay una tercera jugadora a la que conviene observar.
Luisa María Alcalde.
Su salida de la dirigencia nacional de Morena para incorporarse como consejera jurídica de la Presidencia fue presentada como lo que formalmente es: una invitación de Claudia Sheinbaum para incorporarse a su gobierno. La Presidenta incluso subrayó que llamarla había sido decisión suya.
Pero en política los nombramientos también colocan piezas en el tablero.
Y desde hace meses Luisa María aparece en mediciones sobre la sucesión capitalina.
Aquí entra una versión que circula dentro del propio morenismo capitalino y que habrá que seguir con atención.
El proyecto sería Cuauhtémoc 2027 para después buscar la Ciudad de México en 2030.
Primero recuperar para Morena una de las alcaldías políticamente más importantes de la capital y después convertirla en plataforma para disputar la Jefatura de Gobierno.
No hay candidatura anunciada ni decisión pública. Es demasiado pronto para ello. Pero Cuauhtémoc no es cualquier territorio.
Alessandra Rojo de la Vega ya confirmó que buscará reelegirse en 2027 y tampoco cerró definitivamente la puerta a una eventual candidatura a la Jefatura de Gobierno.
Así que recuperar Cuauhtémoc tendría para Morena un valor que va mucho más allá de una alcaldía.
Sería una victoria política, simbólica y territorial.
Y podría convertirse en trampolín.
Por eso habrá que mirar con cuidado quién termina encabezando esa batalla.
Pero, sobre todo, quién lo manda.
Porque ésa será la verdadera pregunta detrás de muchas candidaturas de Morena en 2027.
¿Es de Clara? ¿Es de Harfuch?
¿Es de Luisa? ¿Es de Palacio?
¿O todavía responde a Palenque?
Nadie va a reconocer esas etiquetas. Todos hablarán de unidad, transformación, encuestas y movimiento. Así funciona la política.
Pero las fotografías, las reuniones, las candidaturas y las ausencias terminarán hablando.
Y probablemente habrá que esperar hasta enero para empezar a saber quién quedó con quién.
Para entonces comenzará el reparto real de posiciones y muchos tendrán que dejar de peregrinar entre altares.
Porque se puede rezar durante un tiempo frente a dos santos.
Lo difícil llega cuando ambos empiezan a pedir milagros distintos.
Y en la Ciudad de México la definición será todavía más interesante:
Clara o el Policía.
Ambos tienen proyecto.
Ambos tienen gente.
Ambos tendrán candidatos.
Y ahora Luisa María también aparece en el tablero. Veremos quién gana.
Otra vez.



