Este verano, un grupo de niñas chiapanecas hizo algo extraordinario. Se pusieron sus uniformes, prepararon sus maletas y viajaron miles de kilómetros para jugar futbolen Europa. Son las Mustang.
Un equipo femenil infantil formado por niñas de distintos lugares de Chiapas y reforzado con algunas jugadoras de la Ciudad de México.
Pero una parte importante de esta historia comienza en Ocosingo, en plena selva chiapaneca. Ahí entrenan variasde las Mustang. Y detrás de cada uniforme hay una historia.
Están Ana y Beatriz, hermanas. Anita fue quien metió el gol que abrió para el equipo el camino hacia Dinamarca.
Un instante de esos que duran apenas unos segundos, pero que pueden cambiar el rumbo de todo un equipo.
Está Nicole, “La Comadre”. Es goleadora. Pero quizá el dato que mejor explica cuánto significa para ella el futbol no aparece en ninguna estadística; hace un recorrido de ocho horas para poder llegar a entrenar con el equipo.Ocho horas por jugar futbol.
Está Majo. Ella es la portera. Y es hija de portera. Su mamá, además, vende comida. Así que cuando Majo se para debajo de los tres postes hay también una pequeña historia familiar detrás: una hija continuando, a su manera, algo que comenzó con su madre.
Está Nataly. Juega futbol, pero su mundo no termina enuna cancha. También estudia batería. Entre entrenamientos, partidos y escuela, encuentra tiempo para aprender a marcar otro tipo de ritmo.
Está Abi. Vive con su prima en Ocosingo para poderentrenar futbol. Ella se hace de comer, va a la escuela, hace sus tareas y nunca falta a los entrenamientos. Sus padres la visitan cada dos semanas y venden miel para juntar los 10 pesos de cada entrenamiento.
Y está Tailyn. Cuando hablamos con ella tenía mala señal y a su hermanito junto a ella. Una escena absolutamentecotidiana. Tailyn también es goleadora, pero destaca especialmente por acomodar al equipo, encontrar a sus compañeras y dar pases de gol. Es de esas jugadoras que hacen mejores a las demás. Y eso también cuenta.
Porque cuando decimos que unas niñas de Chiapas llegaron a jugar a Europa, podemos imaginar que estamos contando una historia sobre futbol.
Pero estamos contando muchas vidas al mismo tiempo. Y para entender por qué esta historia resulta todavía más especial, vale la pena regresar algunos años. Muchos años, hasta 1999.
Ese año, mientras el Ejército Zapatista de Liberación Nacional recorría México promoviendo la Consulta Nacional por los Derechos y la Cultura Indígena, ocurrióalgo poco habitual. Un grupo de zapatistas llegó a la Ciudad de México para jugar un partido de futbol.
Fue en el estadio Jesús “Palillo” Martínez, en la Magdalena Mixhuca. Del otro lado estaban antiguosfutbolistas profesionales mexicanos. Algunos zapatistasllegaron sin zapatos adecuados para jugar. La genteterminó consiguiéndoles calzado. Jugaron con botas prestadas y con los pasamontañas puestos.
Perdieron 5 goles a 3. Pero aquel partido nunca se tratórealmente del marcador. El futbol se había convertido en otra manera de encontrarse con la gente. Y la historiaapenas comenzaba.
Cinco años después, desde Italia, uno de los clubes más importantes del mundo comenzó a mirar hacia las montañas de Chiapas. El Inter de Milán estableció una relación solidaria con comunidades zapatistas.
Hubo recursos, medicamentos y una ambulancia. El capitán del Inter, Javier Zanetti, intercambió mensajes con las autoridades zapatistas.
Y entonces ocurrió algo que parece inventado, pero no lo es: El Subcomandante Marcos desafió al Inter de Milán a jugar contra una selección del EZLN. El Inter aceptó.
Marcos se nombró director técnico y encargado de “Relaciones Intergalácticas” de la selección zapatista.Propuso un equipo formado por hombres y mujeres. Y comenzó a imaginar el partido.
Diego Armando Maradona sería el árbitro. Javier Aguirre y Jorge Valdano, los abanderados. El brasileño Sócrates, símbolo de la Democracia Corinthiana, sería el cuartoárbitro. Y para narrarlo quería a Eduardo Galeano y Mario Benedetti.
Hasta había nombre para el trofeo: El Pozol de Barro.
El partido nunca se realizó. Pero la relación entre el futbol y las comunidades zapatistas no desapareció.
En 2011, Inter Campus comenzó a trabajar directamente con niñas y niños de comunidades zapatistas de Chiapas.Y ocurrió algo pequeño que, visto desde hoy, resulta enorme.
Al principio, algunas niñas no querían utilizar los shorts del uniforme. En sus comunidades estaban acostumbradas a vestir falda larga. Tiempo después fueron ellas mismas quienes pidieron ponerse los shorts.
Querían entrenar. Querían correr.
Querían jugar junto con los niños.
Pasaron los años. Y llegamos otra vez a Ocosingo.
Ahora ya no estamos hablando de un partido imaginado entre zapatistas y estrellas internacionales.
Estamos hablando de niñas reales.
De Ana y Beatriz. De Nicole. De Majo. De Nataly. De Tailyn.
De niñas que entrenaron, compitieron y ganaron su derecho a viajar.
Las Mustang conquistaron en México su pase para competir internacionalmente. Pero ganar el pase no significaba poder viajar.
Había que reunir cerca de 890 mil pesos para financiar vuelos, inscripciones, uniformes y concentraciones. Y entonces comenzó otro partido. El que se juega fuera de la cancha.
Sus familias buscaron recursos, organizaron colectas y pidieron ayuda para que esas niñas pudieran llegar hasta Suecia y Dinamarca.
Lo consiguieron y en julio de 2026, las Mustang cruzaronel océano. Llegaron a Gotemburgo, Suecia, para disputarla Gothia Cup. Y no llegaron solamente a participar. En su primer partido enfrentaron al HK de Islandia para ganarle 2 goles a 0.
Los dos goles fueron de Nicole Rivera. La Comadre. La misma niña que hace ocho horas para poder entrenar.
Después siguieron compitiendo. Y después de Sueciavino Dinamarca, para disputar la Dana Cup en Hjørring.Ahí adquiere otro sentido aquel gol de Anita. Porquedetrás de un marcador hay viajes, familias, entrenamientos, sacrificios y niñas que empiezan aimaginarse un futuro que antes parecía demasiado lejano.
Algunas quieren llegar al futbol profesional. Otrasimaginan también carreras fuera de la cancha. Pero todashan aprendido algo muy concreto: que el lugar queocupan en el campo se gana corriendo, entrenando, pasando el balón, atajando, haciendo goles y jugando en equipo.
Las Mustang no son un equipo zapatista y no necesitamos inventar una relación que no existe.
La conexión es otra. Es histórica. Es territorial. Escultural. Es generacional.
Y tiene como escenario el mismo lugar: Chiapas.
Hace veintisiete años, indígenas chiapanecos viajaban hasta la Ciudad de México para jugar un partido con zapatos prestados.
En 2005, desde las montañas de Chiapas, imaginaron enfrentarse a uno de los equipos más famosos de Europa.
En 2011, niñas de comunidades zapatistas comenzaban también a reclamar su lugar en la cancha.
Y en 2026, otras niñas chiapanecas hicieron el viaje en sentido contrario.
De Ocosingo a Europa. Ya no necesitaron imaginarla.Llegaron a Europa.
Y tampoco fueron como espectadoras, fueron comofutbolistas. Con uniforme. Con tacos. Con un equipo. Con sus propias historias.
Y con un lugar que ellas mismas se habían ganado en la cancha.
Por eso ésta no es solamente una historia de futbol. Es la historia de lo que puede cambiar en una generación. De niñas chiapanecas, algunas con raíces tseltales, ocupando espacios que durante demasiado tiempo parecieronpertenecerles a otros. De madres y padres haciendo lo necesario para que el talento de sus hijas pudiera viajar.
De una portera hija de portera.
De una futbolista que también toca la batería.
De una niña que acomoda el juego para que otra pueda meter el gol.
De dos hermanas que llegaron juntas.
De una goleadora que recorre ocho horas para entrenar.
De un gol que abrió el camino hacia Dinamarca.
De una pelota que salió de Chiapas y terminó rodando sobre una cancha en Europa.
Y de algo que seguramente entenderían perfectamente aquellos zapatistas que jugaron en 1999:
Hay partidos cuyo resultado más importante no aparece nunca en el marcador. Las Mustang ya jugaron uno de ellos.



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